SESIÓN DE PSICOMOTRICIDAD

EL MOVIMIENTO ES ALGO INHERENTE A LA FIGURA DEL NIÑO. 

NECESITAN EL MOVIMIENTO PARA EXPRESARSE. EXPRESAN SUS MIEDOS, SUS ANGUSTIAS, SU ALEGRÍA…. EL AULA DE PSICOMOTRICIDAD LES PROPORCIONA UN ESPACIO SEGURO PARA EXPERIMENTAR TODO ESO. PUEDEN SUBIR ALTO, JUGAR CON EL EQUILIBRIO Y EL DESEQUILIBRIO, JUGAR A APARECER Y DESAPARECER, TODO ELLO BAJO LA MIRADA ATENTA DEL ADULTO, QUE ESTÁ ALLÍ PARA PROPORCIONAR SEGURIDAD, PARA REAFIRMAR SUS LOGROS, PARA REPROBAR CONDUCTAS NO ADECUADAS, PERO NO PARA DIRIGIR. 

EN ESTE ESPACIO SOLO HAY UNA NORMA, “NO HACER, NI HACERSE DAÑO“. AQUÍ NO IMPORTA EL CAOS. ELLOS PUEDEN ELEGIR SU FORMA DE RELACIONARSE Y DE JUGAR DEPENDIENDO DE SU ESTADO EMOCIONAL.

PERO EN ESTAS SESIONES NO SOLO TRABAJAMOS LO MOTRIZ. EN ESTAS EDADES EL PENSAMIENTO VA UNIDO A LA ACCIÓN. EN ESTE ESPACIO LOS NIÑOS SE EXPRESAN CON ESPONTANEIDAD. EN ESTAS SESIONES PUEDEN APARECER SUPERHÉROES, PAPÁS Y MAMÁS, LOBOS FEROCES…

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Las emociones básicas y los colores

¿Conocéis la película “Del Revés” o el libro “El monstruo de colores”? los dos nos hablan del papel de los emociones y las relacionan con colores. Esta relación facilita la identificación y reconocimiento de estas emociones básicas; en “El monstruo de colores”, Anna Llenas, asocia el negro al miedo, la alegría al amarillo, el verde a la calma, el azul a la tristeza y el rojo para la rabia.

Si identificamos el origen de nuestras emociones, podemos lidiar con ellas. Por ejemplo, si un niño sabe que tiene miedo a hacer algo mal, en lugar de negarse a hacer una actividad, puede manifestar que no se ve capaz y pedir ayuda para realizarla. Saber esto, también nos ayuda a los adultos a ayudar a un niño a descubrir qué le sucede. Esto nos lo cuenta bien el psicólogo y experto en educación emocional René Diekstra en el programa Redes.

En el blog de Cheriz queremos recordar cuáles son las emociones básicas, qué las provoca y cómo podemos afrontarlas.

El miedo nos provoca inseguridad, la sensación de no poder sobrellevar o manejar una situación de amenaza. Aparece ante el peligro que supone una amenaza real o ante la valoración subjetiva de una situación como peligrosa. Cuando surge, el cuerpo nos dice que luchemos, que entremos en acción o por el contrario, puede provocar obnubilación y que nos centremos sólo en el estímulo que provoca el miedo, o que huyamos de una situación. El miedo también surge por el temor a perder lo conocido, ante una incertidumbre.

El propósito de la ira es destruir las amenazas que se presentan de amenaza, fastidio o indignación. Sus desencadenantes pueden ser la frustración, una ofensa o un desprecio. El sentimiento que nos despierta es el de indignación que nos lleva a apartar, gritar o pelear y suele provocar obnubilación e impaciencia. Como adultos podemos manejar estas situaciones con actividades físicas, con técnicas de relajación, ofreciendo respuestas alternativas a la agresión o ayudando a expresar la causa del enfado.

La alegría es un sentimiento agradable y duradero que se experimenta ante la consecución de logros o cuando hay coincidencia entre lo que se desea y lo que se tiene. Favorece la interpretación positiva de los estímulos externos, las relaciones interpersonales y la capacidad de disfrutar. La alegría y la confianza generan amor, pero la alegría con el miedo, pueden generar sentimiento de culpa; las emociones secundarias conviven con las primarias y son igual de importantes.

El asco es la respuesta emocional adaptativa causada por la repugnancia o una sensación desagradable y protege a nuestro organismo de sustancias y objetos peligrosos. Dicen que la emoción exagerada de asco puede llevar a ciertas fobias. Permite la interacción social, porque nos mueve a mantener conductas apropiadas y tiene una vertiente negativa cuando aparece en el plano interpersonal

 

Ayudar a aprender, el papel de las familias y los centros educativos.

Hablamos de la educación emocional de los más pequeños como si fuera algo que podemos hacer sin esfuerzo, sin embargo, para ayudar a los niños a identificar sus propias emociones, tenemos que conocer las nuestras primero y saber cómo regular nuestros estados emocionales. De esta forma evitaremos proyectar nuestras creencias o prejuicios sobre ellos.

En ocasiones, en nuestras reacciones se impone nuestra propia opinión o miedo y, ante las emociones de los pequeños, reaccionamos con actitudes que consideramos que hay que evitar. En Cheriz seguimos estas pautas:

  • No ignorar ni restar importancia a las emociones de los niños.
  • Ayudarles a expreser sus emociones negativas.
  • Tratamos de entender el significado de sus emociones.
  • No trivializamos los problemas del niño.

 

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Imagen de Andrew Brand para Unsplash

 

En otro artículo, hablábamos de la comunicación, algo fundamental para establecer el clima de confianza en el que los niños expresarán sus sensaciones y emociones. El niño tiene que sentir nuestro interés por lo que le sucede. En este sentido, cuando los niños oyen comentarios que definen sus sentimientos (“qué pena que tu amigo no ha podido venir a jugar” o “qué disgusto haber perdido la mochila”), sienten alivio porque su adulto de referencia está interpretando lo que vive y se da nombre a estas emociones.

Por otra parte, y respecto a la comunicación, podemos enseñar a los niños las palabras que describen sus emociones, preguntando cómo se sintieron y dando lugar a diferentes sentimientos (rabia, enfado…). De esta forma, empiezan a ser conscientes de sus sentimientos y de los de los demás.